Sophalla Admin

Mensajes: 22 Fecha de inscripción: 25/10/2009 Localización: El el techo de tu habitación.
 | Tema: Ficha de Sophalla Elrin Dom Jun 19, 2011 7:08 pm | |
| Nombre de Personaje: Sophalla Elrin (Apellido dado por la gente del pueblo, debido al lugar donde la encontraron). Edad: 17 años. Sexo: Femenino. Raza: Humana. Origen: Desconocido. Pertenencias:- Arco personalizado. (Retoques de materiales, etc para su mayor eficacia en combate y adaptación personal).
- Bolsa de bombas de humo. (El tamaño de las bombas es un poco más reducido que el de una pelota de ping-pong. En la bolsa hay 7 bombas, que se renovaran en cada aventura).
- Carcaj de flechas. (Contiene 32 flechas, 10 de ellas con la punta impregnada de una droga paralizante. Como las bombas, las flechas serán renovadas en cada aventura).
- Reloj plateado de bolsillo. (Un pequeño reloj que llevaba consigo cuando fue encontrada en el bosque y al que le gusta mirar la hora continuamente. Objeto de valor sentimental).
- Daga. (Enfundada a su espalda, para dificultar que enemigos puedan ver que la posee. Normalmente usada en caso de quedarse sin flechas, aunque algunas veces la usa para entretenerse en caso de aburrimiento).
Habilidades Personales:- Afinidad con arcos: Gracias a su talento natural con los arcos, Sophalla tiene más punteria de lo normal.
- Oído fino: Su entrenamiento en los bosques a logrado mejorar considerablemente su sentido del oído, aunque sigue estando por debajo del de razas con el mismo tipo de habilidad.
- Presencia disuelta: Don natural que permite a Sophalla pasar desapercibida facilmente.
Descripción física: Descripción psicológica: Debido a su pasado resulta un poco fría y desconfiada con desconocidos, pero cuando alguien se gana su confianza demuestra ser bastante amable y leal. Dejando de lado las relaciones con la gente, Sophalla tiene tiene bastante carácter y su orgullo a veces la llega a meter en líos. Normalmente resulta bastante madura, pero en ocasiones su edad gana la batalla y sale a lucir un lado más infantil e inocente. Fobia(s): Tormentas de Rayos. (Debido a sus continuos entrenamientos al aire libre y sus viajes en los que las caprichosas tormentas casi la fulminan multiples veces). Aspiraciones: Simplemente explorar. Historia: Sophalla fue recogida en el bosque de Elrin por las gentes de un pueblo crecano a éste, cuando a penas era un bebé. A pesar de que era un sitio pacifico y en el que nunca había habido saqueos o ataques de bandidos o bestias, Sophalla se sentía en deuda con la gente del pueblo que le había dado una familia, comida y un techo bajo el que vivir. Un día decidio que ella sería quien protegería el pueblo en caso de que algo de eso sucediera, asique empezó a entrenar a una edad bastante temprana bajo la ayuda de un mercenario retirado que vivia en el pueblo. Destacaba en el uso con el arco, asique se especializó en eso, pero también estudiaba el manejo de armas blancas ligeras y el mano a mano. Entrenaba mente y cuerpo todos los días hasta su límite, llegando varias veces a hacerse bastante daño y, aunque demostraba determinación y valentía en cazas y simulaciones de combate, por su cabeza siempre se diluían las mismas dudas: "¿Cómo reaccionaría ante una batalla de verdad? ¿Sería capaz de matar a una persona? ¿Podría llegar a proteger del peligro a mis seres queridos?"... Un día llegaron al pueblo unos símpaticos mercaderes que se iban a quedar unos días en el pueblo. Andaban de arriba para abajo, recorriendo cada centímetro del sitio, como si buscasen algo, con la excusa de encontrar el mejor rincón para montar un puesto. Sophalla los observaba minuto a minuto al principio, de día y de noche, pero no parecían ser peligrosos, asique en la quinta noche dejó de espiarles y decidió descansar algo y volver a sus entrenamientos. La suerte y el destino fueron crueles esa noche. Ella se despertó al escuchar lo que parecían gritos que venían de fuera. Salió con paso ligero y por un momento la luz del fuego la cegó unos segundos. En ese instante preferiría que aquella luz la hubiese cegado mucho más tiempo porque el escenario que se encontraba delante de ella era una pesadilla, la peor de todas, un auntentico infierno. Aldeanos corriendo de un lado a otros, algunos quemandose vivos, otros medio muertos, desangrandose... La mente de la chica se paralizó, el miedo y la angustia se apoderaba de su cuerpo impidiendo cualquier movimiento. Uno de sus amigos que se acercaba a ella corriendo pidiendole ayuda la zarandeaba para que reaccionase, pero el cuerpo de Sophalla seguía como el de una muñeca inerte. Ese momento duró poco, porque de repente la cabeza de su amigo volaba delante de sus ojos salpicando todo de carmesí y dejando ver detrás del cuerpo sin cabeza la sonrisa de uno de los mercaderes que sostenía un hacha en la mano. La única reacción que surgió fueron unas pequeñas lágrimas derramandose disimuladamente por su rostro, una sensación fría recorriendole todo el cuerpo, su visión emborronandose, el tambaleo de su cuerpo y finalmente una oscuridad que parecía engullirla y que poco a poco hacía desaparecer la poca consciencia que tenía. Despertó entre unos arbustos cerca del pueblo, aturdida, fuera de sí, entrandole pánico al revivir en su mente los momentos de aquel infierno. No sabía lo que había pasado después de aquello ni como había llegado hasta allí. Solo unos pasos más allá de donde se encontraba yacía el cuerpo de un conocido. Corriendo hacía él, ella lo llamaba desesperadamente, con la voz ahogada por los sollozos. Un debíl hilo de voz escapaba del hombre pero las únicas palabras que se entendían eran "bien", "esconderte", "desmayada". Fueron sus últimas palabras ya que a los pocos segundos de empezar a hablar dejó de respirar. Levantandose del suelo y con pasos interrumpidos llegó al pueblo. Era como si todos los desastres naturales se hubiesen reunido allí. Casas derruidas por completo, otras quemadas, cadaveres por todos los lados, una gran alfombra de sangre cubriendo todo el lugar. La pesadilla era real. No sabía si ya había visto demasiados cadaveres y destrucción o si esque se había vuelto loca, pero la única reacción que tuvo tras andar por todo el pueblo tranquila como si nada hubiese pasado fue una risa que terminó en carcajadas que desesperaban y fundían cada una de sus neuronas, que trataban de asimilarlo todo. Después de reír durante horas cogió sus pertenencias de la choza ubicada en las afueras que usaba en los entrenamientos y simplemente se alejó del lugar donde había crecido y vivido durante toda su vida. Pasaron varios meses hasta que comprendió bien la situación. Estaba sola, debería de haber muerto esa noche, no había podido proteger a nadie, el sentimiento de culpa la perseguía y la acosaba en todo momento. Su vida era como la de un espiritu errante, viajando por todo el mundo. Siempre salía viva de los muchos conflictos en los que se metía, era como una maldición. Ya no dudaba en manchar sus manos con la sangre de otros mientras no fuese la de inocentes. No temía a la muerte. Cada vez que luchaba contra bandidos, bárbaros, asesinos, quien fuese, en su mente se disparaban los eventos de la trágica noche, pero su cuerpo no se detenía como esa vez, si no que sentimientos como la ira, el odio y otros llenaban su ser y la hacían parecer una loca, provocando luchas en las que siempre salía herida y pocas veces mataba en condiciones a su rival. Con el tiempo apredió a controlar esos impulsos y a convertirlos en frialdad, calculación y limpieza a la hora de pelear. Cuando su vida volvió a seguir un ritmo normal y monótono se aburria de hacer siempre lo mismo, estancada en la región de Byrdelia deshaciendose de desgraciados y desechos de la sociedad que era puestos en las listas de criminales. Cierto día, escuchando hablar a unos exploradores de las otras regiones que habían visitado, Sophalla, curiosa por la conversacion y su contenido, decidió aventurarse a explorar Asgardia y descubrió que esa experiencia le hacía sentirse bien y que disfrutaba de ello, ayudándola a sobrellevar un poco más su vida y apreciandola más. Hoy en día, Sophalla vaga por el mundo haciendo diversos pedidos para ganarse la vida y poder seguir viajando. |
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